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Aún hay tiempo para trazar una ruta clara

Hoy, domingo 10 de abril, el gobierno que encabeza el presidente Jimmy Morales completa 91 días desde que fue establecido. Y el jueves 14 de abril, dentro de cuatro días, llega a tres meses calendario.

Andando un poco más, el lunes 18 de este mismo mes, arribará a los simbólicos 100 días que usualmente se conceden a cualquier gobierno como período “de gracia”, dentro del cual ajuste sus cuadros e inicie realmente a gobernar.

“No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague”, dice un conocido refrán que aplica para el caso de este primer “corte” en la administración Morales, en el cual, por donde se vea, no parece que vaya a lograr la aprobación ciudadana.

Esa es la conclusión a la que puede llegarse después de leer un primer balance, realizado por analistas de diversas especialidades y distintas adscripciones políticas, a quienes consultó la periodista Esther Juárez y cuyo reporte se publica en las primeras páginas de nuestra edición de hoy.

Dado el ambiente de efervescencia sociopolítica en que se produjo la victoria electoral del binomio Morales-Jafeth Cabrera, seguido por los evidentes tropiezos que ambos tuvieron para integrar el gabinete de gobierno, desde antes del 14 de enero se daba por descontado que no habría “luna de miel” ni compás de espera ciudadano.

Esa prospectiva (en realidad no difícil de formular) se ha confirmado por la persistencia de una plaza que no calla (ayer mismo se produjo la segunda convocatoria en menos de tres meses), y una franja ciudadana que, desde las redes sociales y los medios de comunicación convencionales, no ha dejado de señalar los desaciertos, las incoherencias y las inconsistencias en que ha incurrido el gobierno de Morales-Cabrera.

Pero más allá de ese activismo crítico, que ningún gobierno previo tuvo en sus primeros tres meses, también desde el principio fue recurrente el señalamiento de la improvisación, la falta de planes sectoriales y la carencia de una visión estratégica para hacer frente a la grave crisis institucional, política y moral que vive el país.

El denominador común de la evaluación realizada por los analistas consultados por Siglo.21 es, precisamente, la persistencia de ese vacío de rumbo claro en el quehacer gubernamental. Es inevitable la impresión de que se ha dilapidado el tiempo y el muy limitado beneficio de la duda recibidos el 14 de enero.

Preocupa que, pese a la constante observación sobre la falta de brújula, el gobierno continúe enredado en sacar la tarea del día y empeñado en poner buena cara al mal tiempo de la crisis institucional.

Gobernar, deberían tenerlo muy claro Morales y Cabrera, no es asunto de imagen. Requiere comprender la naturaleza y la diversidad de los problemas nacionales, así como formular y poner en marcha una ruta viable de soluciones que combinen, creativamente, lo estratégico con lo táctico inmediato. Aún hay tiempo.

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