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Hay noticias que pasan inadvertidas por su poca importancia. Hay noticias que impactan; por ejemplo, los atentados terroristas en París y Bélgica. Y hay, tristemente, noticias muy interesantes e importantes que no reciben el seguimiento adecuado.

Lo anterior es el caso de la noticia con fecha 8 de abril que apareció prácticamente en todos los medios guatemaltecos haciendo referencia al durísimo golpe que recibió el clan criminal de los Mendoza. Walter Mendoza, quien se apuntaba como una pieza medular dentro de esta estructura criminal, fue detenido juntamente con 14 personas más, entre las cuales se cuentan sus cuatro hijos. Para un país como Guatemala, donde el tema relacionado con el crimen organizado revolotea constantemente en la generación de escenarios e incluso se intentó hacer de la agenda despenalizadora la única política exterior, sorprende que la noticia mencionada no produjera la ola mediática esperada.

La noticia tiene importancia por varias cuestiones. Primero, sigue mostrando el carácter tradicional de los grupos locales en Guatemala que se habían calificado como más estables. Se involucra en el ´negocio´ a las siguientes generaciones, incluso a sus parejas sentimentales. Comparado con el comportamiento de las estructuras mexicanas, donde ya son pocas las organizaciones que siguen reclutando con base en ´la sangre´ (siendo el Cártel de Sinaloa el único que mantiene esta práctica), esta situación de conformación de redes familiares es muy interesante que persista. Quizá por el tamaño de la organización (a diferencia de las dinosaúricas estructuras criminales mexicanas donde ya ni siquiera la ´regionalidad´ es un aspecto compartido) los grupos movedores de droga en Guatemala mantienen esta lógica. Los Lorenzana y los Mendoza operan así.

Segundo, hay que apuntar también, a pesar del carácter tradicionalista, la lógica de diversificación de este grupo. Además del trasiego de estupefacientes y lavado de activos, había una agresiva política de compra-venta de territorios, lo que de forma paralela conllevaba al desplazamiento de campesinos en las zonas de Petén e Izabal. La producción de la palma africana a lo largo de ríos como La Pasión no solo es otro negocio rentable. También hay que mencionar que dicha topografía, sumado a la siembra de la palma, servía como marco de protección para la construcción de narcolaboratorios que podían pasar inadvertidos.

Tercero, hay que apuntar a que no hubo ninguna reacción violenta por parte de la organización criminal, con lo cual se distancian de los grupos mexicanos. Las grandes capturas de capos en Guatemala (Turcios, Chamalé, Overdik, los Lorenzana y ahora los Mendoza) no han generado un efecto de ´blowback´. Por suerte, claro está, ya que lo anterior es una de las mayores preocupaciones del sector seguridad e incluso por lo anterior, en aras de evitar una escalada mayor de violencia, a veces se evita atomizar las organizaciones. Algo que Felipe Calderón nunca entendió, dicho sea de paso. La reconfiguración de los grupos criminales en Guatemala es un proceso mucho más mecanizado, y además, invisible. A diferencia del caso mexicano, donde las disputas internas suceden entre liderazgos que ya están mediatizados.

¿Qué es lo importante de esta noticia?

El mensaje enviado por la Cicig y el MP en términos de que incluso las élites criminales que se habían asumido como las más protegidas por el sistema (y bastante secretivas en su forma de operar) ya no son inmunes. Esta operación desbarató un lucrativo negocio del crimen organizado en su propio feudo. Es claro que el resto de las élites no criminales en su conformación, pero que entran al juego de la ilegalidad, deben estar muy preocupadas.

El mensaje enviado por la Cicig y el MP en términos de que incluso las élites criminales que se habían asumido como las más protegidas por el sistema, ya no son inmunes

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