Home > Columnas > ¿Adónde va Europa?

A comienzos de marzo pasado, el conocido analista francés Bernard-Henri Levi publicó un artículo con un título dramático: SOS EUROPA.

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En ese trabajo, Levi hacía referencia a la crisis provocada por la ola de refugiados provenientes del Medio Oriente, especialmente de Siria, en el sistema de gobernanza europeo.

“El espacio Schengen”, escribía Bernard-Henri Levi, “vuela en pedazos”, haciendo alusión a las dificultades crecientes que enfrenta la práctica del Acuerdo de Schengen que permite la circulación libre de personas y la supresión de puestos fronterizos entre los países signatarios.

“Europa entra en la etapa de la desintegración”, fue el título que escogió para su artículo de fines de febrero pasado Wolfgang Munchau, el editor asociado del Financial Times, especializado en la Unión Europea.

Para Munchau, la Unión Europea enfrenta cuatro fuerzas desintegradoras. La primera consiste en la presión creciente sobre el Acuerdo de Schengen, para limitar sus alcances o eliminar su vigencia.

La segunda fuerza disgregadora, continúa Munchau, es la zona monetaria del euro. La economía europea todavía no se recupera de la gran crisis de 2008 y la gravedad del problema griego continúa a niveles insostenibles.

La tercera tensión para la Unión Europea, dice Munchau, la plantea la relación entre las democracias de Europa Occidental con aquellos gobiernos de corte autoritario y nacionalista, tales como el de Orban, en Hungría, o el gobierno de Erdogan, en Turquía.

Para Munchau, por ejemplo, el reciente acuerdo entre la Unión Europea y Turquía bajo la urgencia de contener la llegada de refugiados, es la claudicación de los ideales de democracia, libertad e imperio de la ley que han guiado la construcción de la integración de Europa.

La cuarta tensión, apuntada por Munchau, es la posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el Brexit, como se le conoce.

Si el referéndum sobre el Brexit, que tendrá lugar el próximo junio, da el triunfo a la salida de Gran Bretaña, Munchau teme que otros países realizarán similares ejercicios. La incertidumbre se acrecentará.

El multicitado artículo de Munchau concluye con una observación que alude al sistema de seguridad europea: el posicionamiento de Alemania y Francia en campos opuestos en el tema de los refugiados.

Una de las racionalidades para impulsar la integración europea, según la concepción del padre de Europa, Jean Monnet, nos explica Norman Davies en su monumental historia de Europa, fue propiciar un campo de cooperación y entendimiento entre Alemania y Francia, alejado de las situaciones de conflicto, que estuvieron en el centro de las catástrofes bélicas del Viejo Continente.

La política de fronteras abiertas en épocas de crisis, señala Munchau, es inconsistente con la soberanía nacional en los temas migratorios. Empujados a escoger, los países se inclinarán por la soberanía nacional.

De esta situación a una de sálvese quien pueda, la anarquía y el retorno de los egoísmos nacionales solo hay un paso, dice Bernard-Henri Levi.

Thomas Friedman, del New York Times, le pide a Estados Unidos no descuidar la situación de Europa. La Unión Europea, dice Friedman, son los Estados Unidos de Europa, el otro gran centro de democracia y oportunidad económica en el mundo y el primer aliado de Estados Unidos.

Un desborde de los problemas europeos, señala Friedman, puede convertirse en un serio problema geoestratégico para Estados Unidos y el mundo.

Un desborde de los problemas europeos, señala Friedman, puede convertirse en un serio problema geoestratégico para Estados Unidos y el mundo

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