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La estupidez de la desigualdad

Ricardo Barrientos

Licenciado en Matemática

La concentración de riqueza excesiva en manos privadas provoca una distribución profundamente injusta de sufrimientos y beneficios.

La semana pasada vivimos un contraste socioeconómico brutal: por un lado la muerte de Mykol David Morales de 11 meses de edad, en la vía pública. Con un cuadro muy grave de diarrea, no fue atendido en el centro de salud de la zona 6, y falleció camino al Hospital General San Juan de Dios. Tenía un historial de desnutrición, y murió por la deshidratación resultante de la diarrea.

Escandaloso, por donde se le vea. La diarrea no es una enfermedad letal, mata solo cuando se carece de atención médica básica. Es un hecho que se registra en la ciudad capital, con los índices de pobreza, desnutrición y pobreza más bajos del país. Así que si esta tragedia ocurrió en la ciudad capital, ¿con qué frecuencia ocurrirán tragedias iguales o peores en el interior del país, que con cotidianidad inhumana sufren las mujeres indígenas del área rural?

Por otro lado, el mismo día del fallecimiento trágico de Mykol David, una de las familias más adineradas de Guatemala hizo un despliegue ofensivo de su opulencia: Prestaron uno de sus aviones jet privados (con un costo estimado promedio de $18 millones cada uno), para trasladar al futbolista Carlos Ruiz a Columbus, Ohio, para que pudiese jugar con la Selección Nacional. El día anterior, el futbolista Hamilton López fue trasladado a Columbus de la misma forma. Un hecho también escandaloso, por donde se le vea.

Estos hechos ejemplifican muy bien los efectos perniciosos de la desigualdad excesiva. El hecho de que una enorme cantidad de recursos económicos estén concentrados en una sola familia induce a resultados y decisiones equivocadas, pero sobre todo, profundamente injustas. Por un lado, se violentaron disposiciones judiciales y se gastaron decenas de miles de quetzales para llevar un par de futbolistas a Estados Unidos para un partido de la Selección Nacional. Por otro, un niño muere en la vía pública porque los centros de salud están desabastecidos y no se le logró trasladar a tiempo a un hospital.

Si en Guatemala todos tributaran lo justo y el Gobierno gastara correctamente, estas situaciones no deberían ocurrir. El uso y destino de millones de dólares debería decidirlo la sociedad en conjunto, y no una persona o una familia particular. El que sea un millonario el que tiene la potestad de decidir comprar un jet privado de $18 millones, cuándo y para qué usarlo, simultáneamente impide servicios de salud públicos, gratuitos y de calidad.

No es socialmente correcto que sea una persona o una familia particular la que pueda decidir que alguien como el jugador Ruiz goce del privilegio de que se le levante un arraigo (¿por qué el Juez Tercero de Familia, Emilio Lorenzo, autorizó levantar el arraigo a Ruiz?). ¿Por qué en ese vuelo viajaron Sammy y José Morales, hermano e hijo del Presidente Jimmy Morales? Parece que este hecho responde a qué busca Jimmy Morales al instrumentalizar la selección nacional de futbol…

Y para terminar de empeorar las cosas, el vicepresidente Jafeth Cabrera especula que la culpa de la muerte de Mykol David es de su propia madre, por posible negligencia. Pero por otro lado calla, al igual que Jimmy Morales, por el escándalo del jet privado y la actuación retorcida de un juez.

Me parece estúpido no indignarse por el escándalo inhumano que constituye el contraste de la muerte de Mykol David con la opulencia desmedida mostrada al trasladar a dos futbolistas, incluso violentando disposiciones judiciales. Es una de las estupideces de la desigualdad.

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