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Tsunami después de los Papeles de Panamá

La filtración de millones de comprometedores documentos del bufete panameño Mossack Fonseca tiene conmocionado al mundo. Puede tener los efectos de un tsunami político, jurídico y económico, cuyos alcances variarán de país a país, en dependencia de factores internos que van más allá del destape informativo, realizado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).

Tal es el caso de nuestro país, donde Iván Velásquez, jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, anunció ayer que esa entidad y el Ministerio Público buscarán la información contenida en los Papeles de Panamá, en lo que resulte pertinente para la lucha contra las actividades ilícitas, desarrollada conjuntamente por el binomio Cicig-MP.

El hecho de que, según la información difundida por ICIJ, Guatemala se encuentre en el sexto lugar de los países “usuarios” de los servicios de Mossack Fonseca, y el que entre la clientela de ese bufete se mencione a la narcotraficante guatemalteca Marllory Chacón, es motivo más que suficiente para respaldar el anuncio de Velásquez.

Por lo que toca al MP, la mención de los vínculos de Chacón con el asesinado abogado Francisco Palomo y las circunstancias que rodearon su lamentable muerte, en medio de la conmoción política que vivía el país en 2015, obligaría a reconsiderar las hipótesis que guían la investigación de ese homicidio.

Pero, además, los casos de corrupción de alto impacto político destapados por el MP  y la Cicig, cuyo inicio está por cumplir el primer aniversario, guardan mucha semejanza con las prácticas ilícitas que los Papeles de Panamá atribuyen a gobernantes, políticos y personajes de diversos ámbitos de la vida económica, cultural y deportiva en otras partes del mundo.

La sabiduría popular enseña que el mal de muchos solamente puede ser consuelo para personas con luces escasas. Y, precisamente, porque no deberíamos dar lugar a que se endilgue al país una tonta conformidad, es del caso tomar la palabra a Iván Velásquez: no solamente es deseable, sino también obligatorio que se llegue hasta el fondo de las conexiones que los Papeles de Panamá revelen sobre el cáncer de la corrupción, que tanto daño ha hecho a Guatemala.

Después del inicio del caso de defraudación aduanera La Línea, seguido semanas después del caso Bufete de la Impunidad, en el imaginario social ha arraigado la certidumbre de que solamente se ha destapado la punta del iceberg, que hay una “Línea 2” y que hay otros bufetes de la impunidad.

El tsunami iniciado con los Papeles de Panamá apuntala esa extendida intuición social, para el caso de Guatemala. De ahí la importancia de las declaraciones de Velásquez, quien tiene una bien ganada fama de que no habla por hablar. Él se puso el desafío: ahora la sociedad guatemalteca espera confirmar que, en efecto, “esto apenas empieza”.

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