Home > Columnas > El dolor del Javier

Carlos Aldana Mendoza

Doctor en educación

Como padre y como educador, ha sido muy enorme el dolor por la muerte de un joven estudiante en las instalaciones del Javier, hecho ocurrido la semana pasada. Como parte de la comunidad educativa, la pena se nos multiplica enormemente.

La muerte de un adolescente siempre será un hecho duro como inexplicable. Así como en la misma semana murió un bebé recién nacido y otro por desnutrición. Muertes que nos impactan por lo absurdo, porque nos llaman la atención sobre las circunstancias sociales que las permiten.

En relación a la muerte del estudiante en el Liceo Javier también aparecen preocupaciones alrededor de la pena. Porque en lugar de darle paso al dolor, a esa sensación de vacío y profunda pena que todos sentimos, mucha gente se enfocó en otro lado y empezó a crear confusiones, inventar cosas, sacar la furia (muchas veces por otras cosas). Incluso llegaron a lanzar mucha violencia contra la institución misma (cuando este colegio ha sido uno de los más comprometidos en una visión social conectada a la academia).

Por supuesto que no se puede ignorar la determinación de responsabilidades y que es preciso que el MP aporte la verdad en este caso, sea la que sea. Y el colegio tiene tres grandísimas obligaciones: responder por los hechos (penal, civil y humanamente), explicar sin adornos ni ocultamientos lo que ocurrió y desarrollar procesos de mediano y largo plazo para posibilitar la resiliencia individual y comunitaria que es precisa en estos momentos. La verdad y la justicia, que son parte del discurso cristiano y ciudadano, al cual este colegio siempre se ha adherido, deben ser demostradas en este tipo de circunstancias. De lo contrario, no debieran jamás emplear esas palabras en la educación que imparten.

No sé cuáles son las causas de este hecho lamentable: un accidente, una negligencia o alguna situación que implique violencia (como el bullyng). Sea la causa que sea, implica respuestas profundas, responsables e integrales. La negligencia implica responsabilizar plenamente pero también implica modificar todo aquello relacionado con los hechos. El bullyng conlleva la necesidad de plantearse profundamente cómo evitarlo o enfrentarlo. Desgraciadamente muchas situaciones de bullyng ocurren cotidianamente en las instituciones educativas y poco o casi nada se hace para evitarlo o erradicarlo. Sean los resultados que sean los que se deriven de la investigación criminal en este hecho, el tratamiento de mediano y largo plazo ante el acoso y la violencia escolar es una urgencia que no puede dejarse por un lado. Para ello, el Liceo Javier y todas las instituciones educativas del país, debieran abrir sus puertas a la discusión comunitaria, plena e integral para enfrentar estas violencias.

No es solo a la familia del estudiante, sino a todas las familias, educadores y autoridades del establecimiento, así como la comunidad educativa en general a la que le duele este tipo de situaciones. Nos duele a todas y todos. También nos duele toda muerte de un niño, una niña o un joven.

Es un momento para la verdad y la justicia, pero también para que el dolor nos una en la búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas. Que la muerte de este joven sirva para descubrir qué hay que hacer para evitar más absurdos, sea por accidente, negligencia o bullyng. Para ello es necesario que la comunidad en su totalidad, sin exclusiones, sea quien vea, diseñe y recorra el camino para enfrentar esta pena.

Un abrazo solidario para todas y todos.

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