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A un año de las protestas en la Plaza Central

Víctor David Mendoza Maradiaga 

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política.victordavid@gmail.com 

Estamos a punto de cumplir un año de la masiva movilización ciudadana llevada a cabo en abril 25 de 2015. Manifestación que fue convocada por medios sociales, específicamente Facebook, en la cual hacía un llamado a reunirse en la Plaza Central de la Ciudad de Guatemala, para expresar el descontento acerca de los resultados del Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG). Resultados que señalaban a altas personalidades de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y al mismo, en su momento presidente, Otto Pérez Molina y, en su momento vicepresidenta, Roxana Baldetti Elías y su secretario personal.

Medios de comunicación nacionales e internacionales centraron su mirada en nuestro país. Guatemala se convirtió en el ámbito regional y mundial por el alcance de la noticia, ya que implicaba de forma directa a los mandatarios en su momento. Nadie en el país esperaba la numerosa participación ciudadana que además se extendió en la mayoría de departamentos, manifestaciones que se desarrollaron con toda la euforia y paz que el país ha vivido. El resultado, la renuncia del binomio presidencial en pleno año de elecciones generales.

Vivimos en un país donde problemas profundos como la desnutrición, desempleo, las deficientes o inexistentes infraestructuras en salud, educación, seguridad y servicios básicos, aquejan el día a día de todo guatemalteco y agregar la corrupción de altos mandatarios, evidentemente no pasaría por alto. Las manifestaciones se fueron concentrando en instituciones como las Cortes y el Congreso, expresando se asumieran las medidas pertinentes y se reformaran las leyes fundamentales del Estado.

Guatemala es un país joven que aún aprende a caminar sobre los frondosos caminos de una democracia heredada de gobiernos represores y coloniales. Ideas como la igualdad, que no es igual a la equidad, y la libertad, que no es igual a responsabilidad, no cuajan del todo en una sociedad que aún aprende organizarse y expresarse en confianza. El pasado del conflicto armado interno, la actual manipulación de medios de comunicación y la usurpación de puestos públicos por intereses personales mitigan y retrasan el sendero que aún vemos sombrío para formar un país democrático y republicano.

Ya a un año, las reformas al Estado se mantienen como una promesa que si bien pueden lograrse, no llegaran a solucionar del todo la situación del país, y aun hoy en día los mandatarios cometen faltas graves y desafían a la sociedad con actos de corrupción. Tal vez aún no vemos los cambios que se soñaron pero, hoy sabemos por experiencia que la organización, la movilización y la mezcla de la fiscalización y participación ciudadana son herramientas que nos ayudarán a combatir el grave cáncer de la corrupción e impunidad en el país. Hoy en día se mantiene el estandarte: “Se metieron con la generación equivocada”.

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