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Convenciones republicanas conflictivas

Arturo Montenegro

El martes pasado, 29 de marzo, en la ciudad de Milwaukee, Wisconsin, un nuevo terremoto político sacudió a las elecciones primarias republicanas: los tres candidatos sobrevivientes renegaron de su compromiso asumido en septiembre de 2015 de apoyar al candidato  que resultara nominado en la convención del Partido Republicano, que tendrá lugar en la ciudad de Cleveland el próximo mes de julio.

Como consecuencia de la crispación política en las primarias republicanas, cada vez aumenta la importancia de la aritmética electoral,  las reglas que la regulan y los operadores que las conocen a cabalidad.

Según Jonathan Easley, de The Hill, el más reciente conteo le da 736 delegados a Donald Trump, a Ted Cruz 463 y a John Kasich 143. En otra ocasión, Trump ya sería reconocido como el candidato líder tras el cual se tendría que unir el Partido Republicano. Pero no esta vez.

La posibilidad de que ninguno de los candidatos acumule los 1,237 delegados para ser nominado parece cada vez más realista, lo cual abre las puertas para una convención republicana conflictiva el próximo mes de julio.

Los republicanos herederos de Ronald Reagan ven esta situación en términos apocalípticos. Daniel Henninger, el multipremiado editorialista del Wall Street Journal, considera que el Partido Republicano está a pocos meses de perecer, con la paradoja de que ninguno de los dos candidatos líderes, Trump y Ted Cruz, dice Henninger, son republicanos, solo están utilizando el partido.

Pero Tanya Halich, una mujer conocedora de las lides republicanas, aunque severa crítica de Trump y Cruz, trae a la memoria las convenciones republicanas de 1952, 1964 y 1976 en las que el Partido Republicano estuvo a punto de dividirse, pero sobrevivió.

En 1952, porque los moderados republicanos, encabezados por Dewey, lograron imponer la candidatura  de Eisenhower contra el movimiento de extrema derecha encabezado por Taft. Para la derecha republicana, Eisenhower era un títere comunista dedicado a establecer el comunismo en Estados Unidos, como alegaba Welch el consejero de Taft. Pero Eisenhower  logró mantener unidos a los republicanos mediante su tacto político y las concesiones que tuvo que hacer a la derecha.

En 1964, la extrema derecha se apoderó del Partido Republicano, purgó a los elementos moderados y se lanzó, con Goldwater a la cabeza, a una campaña electoral desastrosa.

En la campaña electoral de 1976, Ronald Reagan encabezó un movimiento político contra el presidente Gerald Ford que buscaba la nominación republicana para las elecciones de noviembre de ese año. Las banderas de Reagan fueron su oposición a la política de coexistencia pacífica con la URSS y a las negociaciones para entregar la administración del canal interoceánico al Gobierno de Panamá.

El presidente Gerald Ford llegó a la convención sin el número de delegados necesarios para obtener la nominación, dada la formidable oposición de Reagan.

Las negociaciones y el ajedrez político jugado en la convención resultaron en la victoria del presidente Gerald Ford como candidato republicano. Paul Mananfort fue un operador electoral clave de Gerald Ford en la convención para contener a Reagan y ganar la nominación.

En 1980, Mananfort fue el operador seleccionado por Reagan para manejar la convención y enfrentar a George Bush padre.

Mananfort está ahora en el equipo de Trump. Es el operador encargado de asegurar la victoria de Trump en la convención de Cleveland en julio próximo, dado el rompimiento del acuerdo de apoyar al ganador.

Según Daniel Henninger, el Partido Republicano está a pocos meses de perecer, con la paradoja de que ninguno de los dos candidatos líderes, Trump y Cruz, son republicanos, solo están utilizando el partido.

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