Home > Columnas > Guatemala sin unidad nacional

Guatemala sin unidad nacional

Hace 21 años, el 31 de marzo de 1995, se suscribió el Acuerdo Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, el cual abrió oportunidades de redefinición de los términos de la relación al interior de la sociedad y de esta con el Estado. Pasado el tiempo, es difícil visualizar los pasos y cambios logrados, pues Estado y Sociedad aún tienen conciencia débil de su propia ‘fisonomía plural’; dentro de la unidad de la nación, sigue distante la identidad y derechos económicos, políticos, sociales y culturales de los pueblos maya, xinka y garífuna. La discriminación, la explotación y la injusticia son realidad cotidiana.

.

Socialmente se acepta el trato irrespetuoso y humillante que muchos mantienen hacia la población indígena, pero también la desafección y el desprecio hacia su historia, al origen, lengua, vestido, a la concepción del mundo, creencias, sus prácticas políticas, su relación con la naturaleza y su actual condición socioeconómica. Se acepta al guardar silencio. Es una realidad histórica denigrante que afecta a los pueblos indígenas y ultraja la conciencia humana. Guatemala no tiene unidad nacional.

En la cuestión étnica, en la convivencia social y en el papel del Estado, se identifica un problema profundo. Se liga la cuestión de clases sociales. Se manifiesta en la dominación económica, ideológica y política presente desde hace quinientos años, basada en el despojo de la tierra y de la naturaleza, en el trabajo mal pagado, en la expulsión de trabajadores que emigran al Norte, en el control comunitario, en la exclusión del ejercicio del poder, en la vigencia de leyes abusivas, en la religión que ha protegido el oprobio, en la estúpida idea de la inferioridad indígena, en el Estado que da la espalda a su propio pueblo. Guatemala sigue atrapada en el umbral colonial.

Aunque en ninguna parte se ha logrado resolver la cuestión étnico-nacional de manera justa, la discriminación y el racismo son una vergüenza. Solía decir doña Rosalina Tuyuc, que esa opresión étnica pesa en la vida indígena y a veces se resiente más en los hombros de las jóvenes, de las madres y las viudas de la guerra porque son muchas veces discriminadas: por ser mujeres, indígenas, pobres y por ser víctimas de la guerra interna. Una muestra es la forma en que algunos intentan deformar las peticiones de justicia frente a los crímenes cometidos por los soldados, como en el caso de las Mujeres de Sepur Zarco.

Hay mucho por hacer en la comprensión del significado de la identidad y la lucha de los pueblos indígenas, en avanzar hacia la unidad nacional.

La discriminación, la negación de la identidad étnico-nacional y el valor del trabajo sin reconocer, frenan el avance democrático del país y generan conflicto. Son fuente de discursos que alimentan el odio y retuercen la verdad de las luchas por la tierra, la naturaleza y los reclamos de justicia. Y falsean escenarios para la persecución penal de dirigentes como Rigoberto Juárez Mateo y Daniel Pascual.

En la cuestión étnica, en la convivencia social y en el papel del Estado, se identifica un problema profundo.

.
.

Leave a Reply