El Siglo

Déficit fiscal: ¿vivir de donaciones?

No tengo la menor duda respecto a que el Estado (Gobierno) guatemalteco siempre ha sido pequeño e inepto. No habré de referirme a la corrupción, fenómeno lacerante que se ubica dentro de una práctica anormal, amoral y delictiva. Tampoco habré de hacer referencia a los impresionantes niveles de evasión fiscal, que al igual que la corrupción, tiende a ser una aberrante práctica que se ampara en la impunidad y la total inexistencia del más mínimo sentido de humanismo. Abordaré brevemente la crisis del Estado desde dos manifestaciones primarias: su reducida capacidad financiera y su monumental incapacidad para operar con eficiencia.

Hay algunas personas que se oponen a que los gobiernos posean presupuestos que, a su criterio, resultan ser muy altos. Su argumento se basa en que la extracción de recursos individuales o empresariales a través de los impuestos es injusta, porque finalmente estos recursos se trasladan hacia otras personas que no han hecho méritos para tenerlos y para gozar de los mismos. Creen además que eso fomenta un paternalismo estatal y un asistencialismo clientelar, que genera un desincentivo para que todos busquen la mejor forma de ser más productivos.

Lo contrastante e incluso polémico es que en todos los informes del PNUD se ha demostrado que el nivel de recursos que posea un gobierno, generalmente está relacionado con el nivel de desempeño económico. Por ejemplo, los países más prósperos de América Latina: Colombia, México, Chile y Brasil, poseen presupuestos públicos que promedian el 20% de su PIB. En el caso de los países que muestran un precario desempeño económico: Haití, Honduras, El Salvador y Guatemala, sus presupuestos públicos apenas alcanzan el 10% del PIB.

Y es acá en donde toma vigencia el criterio de que en Guatemala siempre hemos tenido un Estado con un presupuesto muy limitado, apuntalado esto con administraciones públicas inútiles, incapaces de administrar con eficiencia los siempre escasos recursos públicos. Hago referencia nuevamente a un Estado pequeño e inepto. Las áreas más importantes en materia de política pública: salud, educación, seguridad/justicia e infraestructura, en nuestro país siempre han estado sometidas a criterios de cientos de funcionarios que han fungido a partir de la llamada era democrática, en cuyo caso la mayoría de los mismos, jamás tuvieron el conocimiento científico, la experiencia laboral en el servicio público y la calidad moral suficiente para justificar una plausible relación entre sus salarios y los pobres resultados obtenidos.

Hoy estamos frente a una crisis verdaderamente grave, estamos cosechando los efectos de un Estado deficiente, en donde el abandono de la educación pública, la pésima administración de justicia y el abandono de la infraestructura nacional, perfilan un país plagado de amenazas, en donde las oportunidades para el desarrollo socioeconómico sostenido se hacen cada vez más lejanas. Los millones de pobres no pueden pagar impuestos y los más adinerados no están dispuestos a pagar una mayor carga fiscal. ¿Vivir de donaciones nuestra única salida?

Hay algunas personas que se oponen a que los gobiernos posean presupuestos que, a su criterio, resultan ser muy altos.

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