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El caracol y su casa a cuestas

Los medios de comunicación nos informan todos los días con noticias que van formando una percepción generalizada de la realidad nacional. Inconscientemente, la ciudadanía, nos encontramos en un estado alterado en el que predominan las emociones y los sentimientos en su mayoría, lamentables. No es para menos, en un mismo instante, un hecho cualquiera que proviene de la realidad cotidiana, como el parto de una señora indigente en las aceras del Centro Histórico y el fallecimiento del bebé, decanta en nuestro estado de ánimo series completas de hechos violentos que nos acompañan a diario a lo largo y ancho de nuestras vidas.

Al igual que en un tejido, los patrones de la urdimbre aparecen en nuestras mentes. Unos hechos conectan con otros, por similitud o por coincidencia, por fechas o contextos similares o por repetición y así, situaciones de ansiedad y angustia que se han vivido en cualquier momento de la vida, toman nuevas dimensiones cuando sucesos similares ocurren y nos enteramos de ellos. Los sentimientos y emociones que tuvimos entonces se repiten y van construyendo un marco de creencias, una postura frente a la dinámica de la vida y sobre todo actitudes que se muestran en la sociedad completa.

Así, mientras se discutía en los diferentes centros de decisión qué serían los nuevos magistrados de la Corte de Constitucionalidad, las reformas a la ley de partidos políticos y otras reformas exigidas a partir de la caída de Otto Pérez y Roxana Baldetti; mientras se produce una saturación en las cortes por los casos de corrupción en el Estado y los crímenes de lesa humanidad durante el conflicto armado; mientras se sanciona a algunos jueces corruptos y el TSE quita las acreditaciones a alcaldes y diputados por razones de falta de idoneidad; mientras los medios de comunicación subrayan y saturan acerca de estos hechos, un conjunto de acciones violentas verdaderamente horripilantes saltan a los titulares centrando toda la atención en ellas.

Mujeres asesinadas y descuartizadas, el profesor en el aula, el niño dentro de su casa, un bus explota, unatortillería incendiada, amenazas de bombas en buses, una ejecución en la cárcel con aprobación oficial, pronunciamiento de militares en retiro exigiendo impunidad, fundaciones que defienden el terror aplicado por el Estado, grupos de abogados entorpeciendo juicios, en la CC ganan 4 a 1 los más cuestionados para estar ahí, el ex presidente, juzgado por corrupción da declaraciones de prensa como cualquier ciudadano en el goce de sus derechos civiles retando a la justicia.

El tejido mental indica que ahí pasa algo que no se percibe a simple vista. Algo tenebroso se urde detrás. Se piensa lo peor. Tal vez no pase nada como suele pasar en Guatemala, pero la política es percepción y la ciudadanía siente que las cosas no van bien.El largo camino de la violencia criminal, que es violencia política por otros medios nos ha llevado a ser como caracoles, con el miedo a cuestas.

Al igual que en un tejido, los patrones de la urdimbre aparecen en nuestras mentes.

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